Mi experiencia fue bastante angustiante. Estaba alojada en una habitación de la última planta, cuya ventana daba a los tejados de las casas vecinas. Durante la noche hubo una intervención policial: vi a agentes por los tejados y entrando en el hotel con linternas y gritando. Me asusté muchísimo y no pude dormir.
A la mañana siguiente pregunté qué había ocurrido, pero no recibí una explicación clara. Me dijeron que no sabían nada y que en las cámaras solo habían visto a una persona en recepción. Esa respuesta no me tranquilizó.
Después de pasar la noche sin dormir, pedí salir a las 13:00 en lugar de a las 12:00. Me lo denegaron alegando que el hotel estaba completo y que necesitaban limpiar la habitación. Entiendo que tengan horarios y reservas, pero eché en falta empatía ante una situación tan excepcional.
No responsabilizo al hotel de la intervención policial, pero sí esperaba que se preocuparan por cómo estábamos los huéspedes y nos informaran, en la medida de lo posible, de lo sucedido y de si era seguro permanecer en nuestras habitaciones. Me fui con una sensación de inseguridad y de poca atención.